Viernes 28 febrero ‘25
18:00 hrs
Torreón, Coahuila; México.
Compartiendo erudición y disertando sobre su literatura después de 14 libros y presentando su último trabajo, “Ir a la Habana”, así como reconociendo la obra que le dio fama mundial, “El hombre que amaba a los perros”, en su décimo quinto aniversario de su edición primaria, y con humor negro para romper el hielo, propició la risa de quienes acudimos al teatro del Instituto Municipal de Música de Torreón -el cual hoy es un recinto digno y funcional gracias al apoyo de la familia Santibañez y a los gobiernos estatal y municipal- por la forma pueril del que hacer político de los gobernantes estadounidenses ejemplificándolo con el tema nominal del Golfo de México, que hoy para los gringos se denomina Golfo de América y que bajo esa sinrazón estulta para los habaneros sería el Golfo de Pinar del Río.
El escritor cubano agradeció a quienes saturamos el pequeño auditorio y en donde los panelistas, el político y febril lector, Eduardo Olmos y el mejor escritor coahuilense, Luis Jorge Boone, no desentonaron con el Master y deshojaron muy bien las diferentes descripciones de los textos habaneros para acercarnos a la obra del nuevo fenómeno de la literatura de habla hispana.
Investigar, argumentar, desarrollar y concluir las historias que Leonardo Padura comparte a través de su narrativa, sólida, fluida y por no pocos momentos, magistral.
Ir a la Habana es una invitación para recorrer sus calles, sensibilizar los poros de nuestra piel y echar a andar todos los sentidos que los humanos tenemos… “descubre con la boca lo que con tu razón no eres capaz”, con el propósito de conocerla, desde la distancia del visitante pero atisbando desde la cercanía del habitante.

Por la mañana del siguiente día en el campus universitario del la UAdeC, el escritor ofreció la cátedra, “Cómo escribir una novela”, hábilmente ante una mayoría de jóvenes estudiantes abrió y cerró su exposición con un fragmento de la serie mundialmente exitosa Breaking bad, para referirse a un diálogo entre uno de los protagonistas, el joven Jessi Pickman y su maestro de carpintería, con el cual argumentó como se puede escribir y desarrollar un tema, cómo se describe una idea, la pasión por desarrollarla y el tesón para culminarla, todo esto focalizado en que Jesse debía hacer de una cajita de madera, la mejor de todas, y al siguiente día , mejor que la anterior, ello aderezado con un diálogo enriquecedor para el disfrute de la tele audiencia, propiciando, también, hacer el mejor escrito para desarrollar la mejor narrativa y en consecuencia ser capaz de relatar, un día a la vez.
Larga vida al cubano universal, quien con todo y las eternas penurias económicas de su país, sigue radicando en el barrio de Mantilla de La Habana, Cuba; en la casa donde nació, -porque su sentido de pertenencia es más fuerte que la loza ideológica- pero quien, al igual que sus personajes principales de su obra “El hombre que amaba los perros”, poco o nada se sabe de él en el archipiélago pues para el gobierno comunista es un renegado de la revolución, un paria más, en consecuencia, no existe en la historia oficial del Granma -único medio de comunicación dirigido por el partido comunista de Cuba- y de otros medios electrónicos oficiales, pero para deshonra del gobierno totalitario, Padura está más vivo que nunca, y transmite la rica herencia literaria de los inmaculados José Martí, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, José Lezama Lima, Guillermo Cabrera Infante y Zoé Valdés; entre otros.
AGV
